Saltar al contenido
Santos más Importantes para la Iglesia Católica

San Juan Diego, el vidente de la Virgen de Guadalupe

Header San Juan Diego

El Beato Juan Diego, que  fue llamado por el Papa Juan Pablo II“el confidente de la dulce Señora del Tepeyac”,  habría sido un indio de  la etnia chichimeca. Un “macehualli” que no pertenecía a ninguna de las categorías sociales del Imperio y que contó con la dicha de que la Virgen se le apareciera.

El mismo “papa peregrino” beatificó en 1990 y  canonizó en 2002 a un sencillo padre de familia que gozó del privilegio  de presenciar a la que se definiera como “la perfecta Virgen Santa María, Madre del Verdadero Dios”.

Vuelve a la página de inicio

¿Quién es el “el águila que habla”?

Este santo  nació en 1474en el «calpulli» de Tlayacac en Cuauhtitlán, que se localiza a 20 kilómetros al norte de Tenochnitlán, México. Al nacer, recibió el nombre de Cuauhtlatoatzin, que quiere decir «el águila que habla» o “el que habla como águila”. Este santo nació en Sudamérica, siendo uno de los ejemplos de que no todos los santos nacieron en Europa. Otros ejemplos son San Jerónimo Estridón y San Martín Caballero, del que puedes saber todo aquí.

Perteneció a la clase más baja y numerosa del Imperio Azteca. En palabras del “NicanMopohua”, un texto que se incluyó en el librotlamahuiçoltica,  era un “pobre indio” que se definió a sí mismo como “un hombrecillo”, condición a la que atribuyó su falta de credibilidad ante el Obispo.

Antes de las apariciones que le catapultaran a la santidad, ya era conocido entre los suyos como un hombre bueno y justo. Después de sus encuentros con la Virgen su vida fue calificada de ejemplar y las gentes lo veían como un santo.

Desde el momento de su muerte y hasta nuestros días el culto y la veneración a la figura del indígena mejicano se ha extendido. La devoción que le profesan justifica que sean muchas las familias que hayan bautizado a alguno de sus hijos con su nombre.

San Juan Diego 1

Historia del santo que se definía como “un hombrecillo”

Juan Diego habría sido bautizado por los primeros misioneros franciscanos y agustinos que se asentaron en Tlatelolco, lugar en el que por ese entonces no existía todavía convento o parroquia alguna, sino una choza donde se catequizaba y se oficiaba misa.

Corría el año 1524 o 1525 cuando se produjo su conversión al cristianismo, así como la  de su mujer. Mientras que el esposo recibió el nombre cristiano de Juan Diego, su esposa recibió el de María Lucía.

Se piensa que el artífice del bautismo del matrimonio pudo ser el misionero franciscano Fray Toribio de Benavente, apodado por los indígenas como “Motolinia” o “el pobre” por su extrema piedad y gentileza y por lo raído de las ropas que vestía.

Grande era el esfuerzo que hacía el indígena para salir muy temprano cada mañana del pueblo de Tulpetlac, en el que vivía en ese momento y caminar hacia el sur, bordeando el cerro de Tepeyac.

La tradición marca que en la mañana del sábado 9 de diciembre de 1531, escuchó en el mencionado cerro el cantar del pájaro mexicano tzinitzcan, anunciándole la aparición de la Virgen de Guadalupe. Por esta razón el 9 de diciembre de cada año es cuando se celebra San Juan Diego.

En el momento de las apariciones, el beato contaba con 57 años, una edad bastante avanzada en una zona y en una época en la que la esperanza de vida masculina no solía sobrepasar los cuarenta años.

Entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531 fueron un total de cuatro las veces que la Virgen se le apareciera encomendándole decir al entonces obispo, fray Juan de Zumárraga, que deseaba que en ese lugar se edificara un templo.

Como quiera que en un principio Zumárraga no se mostrara de acuerdo con la idea, no creyendo las palabras del beato, la Virgen le ordenó a Juan Diego en su última aparición  cortar unas rosas que acababan de florecer misteriosamente en lo alto del cerro para que las portara en su ayate y se las mostrara al obispo.

Una vez el santo hubo mostrado al prelado las hermosas rosas florecidas durante el gélido invierno, de forma milagrosa se apareció la imagen de la Virgen que posteriormente sería  denominada “de Guadalupe” por los españoles, impresa en el ayate.

El obispo ordenó la construcción de una ermita en la que el santo viviría hasta el final de sus días (pues ya había enviudado), como custodio del ayate en la actual capilla de indígenas. Sin embargo, en sus múltiples cartas y escritos, Zumárraga obvió dejar constancia alguna de la construcción de la ermita, del milagro de las rosas o del propio vidente.

Otras de las labores a las que el santo dedicó su vida fueron las de cuidar, barrer y cargar con todo lo necesario para ese lugar santo, haciéndolo con prontitud, humildad y total devoción.

Juan Diego murió en la Ciudad de Méjico el 12 de junio de 1548,  cuando contaba con 74 años. Recibió sepultura en la  capilla que tanto cuidó.Aunque inicialmente se había barajado la fecha de su muerte para ser declarada como fiesta del Beato Diego, finalmente el Papa Juan Pablo II terminó decantándose por el 9 de diciembre, fecha de la primera de las cuatro apariciones marianas, pues en palabras del Sumo Pontífice, el beato ese día “vio el paraíso”.

San Juan Diego 2

¿Cómo pedirle al “confidente de la dulce Señora del Tepeyac”?

Los fieles piden al Señor,  por intercesión de San Juan Diego, la gracia de la humildad así como ser dulces con el hermano mediante  la oración que vamos a reproducir, si bien existen otras oraciones para solicitar su intercesión ante Dios:

«Llamado «Juanito, el más pequeño de mis hijos», por la Siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios. A ti San Juan Diego que tuviste la dicha de ver a la Señora de Guadalupe, enséñanos a ser humildes como tú, a ser dulces con el hermano, a estar dispuestos en cada  momento a obedecer las órdenes que vienen de lo alto y a consagrarnos a María, camino directo que nos lleva al corazón de Jesús»

Vídeo con oración a San Juan Diego:

Fuentes y referencias:

Ver Todos los Santos